Mientras otros diseñadores sacan miniaturas con estética de videojuego, dibujo animado y/o manga (con todos mis respetos a ese estilo, por supuesto), ellos nos deleitan cada poco tiempo con nuevas obras de arte como ésta:


Este post no pretende ser una crítica, sino un lamento, ya que como todos vamos viendo desde hace un tiempo, Warhammer muere por motivos puramente económicos.
Se creó como una evolución de juegos de rol y de estrategia, por personas con gran imaginación y buenos médotos para crear y mejorar el trasfondo, las miniaturas y las reglas para representar batallas en un mundo de fantasía, todo ello ambientado en estos tres aspectos para que realmente uno pudiera imaginarse las situaciones en que se encuentran los personajes participantes en una de estas épicas batallas.
Los relatos estaban contados de tal manera que cualquier persona, incluso sin conocer las reglas del juego, podía imaginarse qué pasaba por la cabeza de diez soldados cuando pasaban por delante de la línea de disparo de un cañón enemigo.
Las miniaturas se diseñaban para representar de la forma más realista posible cómo sería un guerrero preparado para el combate, cómo sería la armadura que mejor le serviría, cómo sería un engendro salido del reino de los demonios para derramar la sangre de los vivos.
En cuanto a las reglas, a pesar de que todos nos hemos llevado las manos a la cabeza alguna vez al leer un libro de ejército de una nueva edición, lo hemos acabado aceptando cuando nos hemos dado cuenta de que en realidad el sistema de juego siempre se ha ido depurando, mejorando la jugabilidad y el aspecto táctico, equilibrando y agilizando las partidas sin perder el fondo de interpretación de los combates relatados en las hitorias de esos antiguos libros.
Y que conste que en 40.000 juego con Marines del Caos, así que podéis imaginar el sock que me supuso el último Codex; pero una vez leído y releído, comprobé que los diferentes aspectos de cada tipo de tropa, así como su función táctica, estaban perfectamenten representados en las nuevas reglas, cuya simplicidad, tengo que admitir, mejora y equilibra la jugabilidad. Pero esto es solo un ejemplo.
Lo que como entusiasta de Warhammer me parece triste, es que la evolución del juego tome la bifurcación de aumentar los beneficios a toda costa, aunque ello implique bajar la calidad en general. Creo que la pérdida del arte de Warhammer supera con creces el aumento de los beneficios de la empresa Games Workshop. Porque Warhammer tiene mucho de arte, eso no creo que nadie lo discuta, y como tal sufre las consecuencias de personas que valoran más las Coronas de Oro que lo que puedes compras con ellas.
Sería como un grupo de música, si me vale el ejemplo, que tras ocho discos de calidad impecable, editan otros tres de calidad muy inferior en un pequeño lapso de tiempo con la simple intención de vender muchas copias. La diferencia es que los amantes de la buena música siempre tendrán a su disposición los discos de buena calidad, pero Brian Nelson verá como algunas de sus creaciones no volverán a salir de un molde, ya que sencillamente hay otras mas adaptadas para la venta en masa, o incluso algunas diseñadas para ser montadas sin necesidad de pegamento (me gustaría recordar que en gran medida se trata de modelismo) para llegar a un cliente más joven.
Y esto no sería un problema en sí mismo si en la sala de juntas de Games Workshop hubieran dicho "ey, ¿qué os parece hacer que el juego sea más asequible, en cuanto a reglas y modelismo, también para los chavales jóvenes que quieran iniciarse?". Pero no, lo que se dijo en esa sala de juntas fue "oye, yo creo que en Navidad nos podemos forrar".
El resultado es claramente visible. Reglas que sacrifican parte de un mecanismo de juego perfeccionado durante años con el objetivo de fomentar combates cada vez más grandes. Miniaturas en un material de muy baja calidad a precio de miniaturas de metal. Y por supuesto el hecho de convertir "un sombrío mundo de aventuras y peligros" en un mundo de monigotes de dibujo animado.
La verdad es que el detonante para escribir este artículo ha sido ver un ogro con un cañón varias veces más grande que él, subido en un rinoceronte peludo. "Ey, dice el jefe que tenemos una hora para inventar un tipo de tropa que aporte pontencia de fuego al ejército, y que sea suficientemente grande como para venderlo por más de 20€." Que le pregunten a Alessio Cavatore (que ya no está en Games Workshop, por cierto) cuál sería la única idea de un ogro al que has ofendido ("¿el hacha o el garrote?").
O pongamos como ejemplo a los skavens de la 4ª edición que, aun en sus extrañas poses, daban un aspecto bastante más serio que los MotoRatones de hoy en día (eso sí, muy fáciles de pintar, claro). O los viejos pergaminos de Khemri, donde por mucho que busques, no encontrarás explicación a ejércitos de estatuas vivientes.
O también cabría mencionar artículos por parte de GW en los que se ve claramente su nueva política. En un artículo de tácticas de una White Dwarf bastante reciente, se disculpaban porque al parecer plantearse una batalla con la clara intención de vapulear al enemigo no está acorde con el espíritu del juego. Y por supuesto que este juego no consiste en "ganar", pero lo lógico es que cualquier general tenga la sana intención de masacrar a los soldados enemigos y oir el lamento de sus mujeres. De ahí a convertir un juego de estrategia en un juego de figuritas hay un gran abismo. Es una muestra más de la intención de hacerlo más cercano al público más joven con puras motivaciones económicas. Lei otro en que decían que las miniaturas y los elementos de juego en general debían aceptarse como parte de la fantasía, aunque ello supusiera que fuesen desproporcionados e ilógicos.
Y ya por no hablar de las cartitas, algo superado ya hace tiempo, o los libros a todo color que cada vez parecen más un álbum de cromos. Al final, multitud de detalles insignificantes en pricipio, que acaban convirtiendo uno de los mejores juegos de estrategia en un chiste. Y a la Tormenta de Magia no le dedico ni un párrafo.
En Warhammer 40.000 también se ven las consecuencias del afán comercial. La diferencia es que 40k ha llegado a tal calidad y popularidad que no ha necesitado todos estos apaños.
El problema del Fantasy es que el sistema de juego cada vez convence menos, y el motivo es tan simple como que las unidades mueven en regimientos rectangulares. Y esto sin duda debe ser así, pero a día de hoy no han conseguido inventar un sistema ágil y tan perfeccionado como en el caso de 40k.
Lo que está muy claro es que tras ocho ediciones tovadía falta un reglamento que haga que no nos dé pereza juntar las miniaturas en filas. Cabe decir que lo de masificar los combates no es del todo mala idea. Pero la afirmación de GW de que la 8ª es la edición definitiva del Fantasy obviamente no puede ser cierta, sobre todo teniendo en cuenta que las nuevas reglas de combate en varias filas están recién estrenadas y hace falta dejar pasar un tiempo y ver cómo funcionan y cómo pueden llegar a funcionar.
Y así pasa, que como tantos otros hace tiempo que dejé de lado la espada y el escudo para coger un bólter, lo que acaba dejando al gran Warhammer Fantasy en un punto entre el Warhammer 40k y los fracasos comerciales (también llamados Juegos de Especialista).
Aquí cesa el lamento y comienza la esperanza, lo primero animando a no dejar de lado al mejor juego de batallas de fantasía medieval, a seguir echando partidas aunque sea a la sexta edición, y a esperar lo que tarde o temprano será la verdadera versión definitiva del juego.
Y si alguien discrepa lo resolvemos a hachazos, como debe ser.
Humildemente, el Escriba de la Biblioteca del Brujo, agosto 2011